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 de 2012


   
Una Navidad Actual
 
Voy por la ruta 7, por la que debo andar 500 Km. Para llegar a un pequeño establecimiento rural dónde solemos pasar Navidad en familia. Pero este año, ellos me pidieron que me abstuviese, a causa de las inundaciones. Jamás hay que decirle “no” a una irlandesa. Partí raudamente.
Nunca imaginé lo qué vería. Avanzábamos. Me dolía el alma. ¡Qué falta de información! ¿Por qué la Capital Federal ignora de esa manera “absurda” al interior del país? ¿Acaso la gente del campo, no trabaja SIEMPRE en bien de todos? ¿Cómo y de dónde se abastece la Gran Ciudad? ¿Quiénes reinvierten hasta el último céntimo en su propiedad, sin sacar el dinero al exterior? ¡Una y mil veces, la misma inútil y tonta respuesta! ¡Esa mayoría silenciosa qué apuesta a la Argentina pujante: LA GENTE DE CAMPO!
Agua. Ésa que es un tesoro, indispensable para el hombre y una bendición para la tierra; ¡ésa se torna el enemigo despiadado!
Inundaciones. El dueño de esa tierra, pide créditos al Banco. Más agua y no lo paga. Se endeuda. Vende la maquinaria, los animales y la casa, aunque fue de los antepasados. La furia del agua arrastra consigo la propiedad, los proyectos, los sueños, las ilusiones, en fin: TODO. ¡Dios mío! ¡¿Más?!.
Se aproxima la Nochebuena y estos pensamientos obscurecen mi alma. Reflexiono. No, nadie puede quitarme la idea de “pertenecer a un lugar”, así, como nadie me sacará la dignidad de ser “hijo de Dios”.
Estoy sola. Dónde todo era bullicio y actividad, ahora es silencio y ruido a agua. Estoy bien, porque aún tengo un techo para cobijarme, ¡y me comunicó a través de un celular! No hay electricidad, o sea qué no gozo de ningún artefacto “moderno”, a los que estaba “malacostumbrada”: heladera, lavarropas, etc. Me siento despojada de toda frivolidad viviendo momentos angustiosos, pero con la certeza de estar dónde Dios quiere: acompañando a los que sufren.
Justo esta noche, recordamos el Nacimiento de Jesús, que se hizo hombre por Amor a nosotros y comprendo mejor que nunca que: ¡ÉL ES el GRAN REGALO!
Contemplo, imaginariamente, el Portal de Belén y cuento una a una las carencias humanas del Salvador del Mundo. Un bebito, que nace en un pesebre muy pobrecito, su cuna es de paja y lo protegen del frío el aliento de un buey y un asno. ¿De qué me quejo yo? Cuando todo un Dios nace así…
Y todavía argumento “Si el agua nos deja sin NADA, ¿Cómo subsistiremos? El Evangelio me responde: “No sólo de pan vive el hombre, sino de TODA PALABRA QUÉ SALE DE LA BOCA DE DIOS”.
También me dice: “Mi Reino no es de este mundo”
Y mis desdichas, se esfuman…
ESTE ES EL REY DE REYES, MI SEÑOR Y MI DIOS. El Centro, el principio y el fin de todo. Él viene a infundir en nuestro corazón los vivos sentimientos de Fe y Esperanza. Nada es igual, después de la realización de este misterio de Amor sin reservas. Las penas, los dolores y los sufrimientos de aquí se transforman: ADQUIEREN SENTIDO.
Continuo mirando detenidamente mi Belén imaginario y admiro a la Virgen María, la Sin Macha, concibió y es la Madre de mi Redentor. ¡Qué actitud de entrega y generosidad totales! Mientras San José, en silencioso respeto, ampara y protege.
Revivimos una historia que se repite. Dios nace pequeño para que el hombre se engrandezca. Jesús opta la pobreza. Así nos enseña el camino de fe, amor y humildad para descubrir al Todopoderoso, tras una apariencia insignificante…
Navidad como ésta, no hay dos. Las otras quedan en el recuerdo.
“Gloria a Dios en las Alturas y en la tierra, Paz a los hombres que ama El Señor”
 
 
Margarita Lalor Cavanagh.
Diciembre de 2001

 


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