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¿Qué
significa el sentido de la vida para mí? Vaya pregunta. TODO. Y
¿por qué
todo?
Porque la
vida sin sentido es un desperdicio y no vale la pena vivirla.
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¿Cuándo
comenzó a adquirir sentido mi vida? Fue el resultado de una
búsqueda larga y encarnizada.
Y Jesús,
esperaba.
Los
cuestionamientos empezaron junto con la enfermedad a los 22 años.
Hasta entonces yo “la tenía clara”
Quería
respuestas precisas e instantáneas. Investigando los Evangelios
una frase me impactó: “Mi yugo es suave, y mi carga, ligera”
Leía, releía
y no había caso, para mí era “chino básico”. Se habían equivocado
¡porque el yugo pesaba toneladas y la carga otro tanto!
Y Jesús;
esperaba.
¿Cuánto
tiempo me tomó llegar a comprender esta frase del Evangelio? Años
de luchas internas, de rebeldía, de lástima por mí misma, de
ocultarme tras “el ruido” para aturdirme, de evitar los
pensamientos profundos como quien huye de la “luz mala”, de
discutir con quien pudiera y de volverlo loco a mi confesor.
También trataría de alejarme de mis creencias. En realidad,
intenté todo.
Y Jesús;
esperaba.
Solo cuando
caí de rodillas en tierra, porque no podía más con mi persona,
Solo cuando
dije: “Sea, hágase tu voluntad y no la mía”,
Solo cuando
exclamé: “Señor, cuándo, cómo, y hasta dónde Tú quieras”,
Sólo cuando
“me zambullí” sin reservas en los brazos de Dios Padre,
Sólo allí
comprendí QUE MI VIDA TENÍA SENTIDO, Y SUPE CUAL ERA MI CAMINO.
Me di cuenta
que discapacitando mi cuerpo, capacitó mi alma.
Porque tenía
preparada una misión especial para mí. Comprendí que no había
perdido nada, sino que había encontrado TODO.
Porque Jesús
me ama.
Cesaron las
dudas, las luchas internas y las tremendas rebeldías.
Y con la
aceptación de la voluntad de Dios, llegó una paz indescriptible,
renació la fé, sobrevino la esperanza y una maravillosa sensación
de sentirme querida.
Porque Jesús
me ama.
Y por eso me
encomendó que transmita Su Amor.
Y por eso me
dio la vida que es magnífica.
Y por eso me
dio tanto.
Y por eso soy
libre, y por eso soy feliz.
Y ahora por
ser feliz, me dan un premio ¡bienvenido sea!
29 de septiembre de 1999 Premio Sentido de la Vida. |
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