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 de 2012


   

Presentación del libro Amo la Vida

Palabras de Bendición

26 de septiembre de 2006

 

Presentación de los Libros “Se puede” y “Amo la Vida”

Es una alegría muy grande poder participar hoy de esta presentación de la reedición del libro de una Amiga, de una compañera de vida. Quiero empezar estas palabras con una Bendición, una Antigua Bendición Irlandesa que no solo trae a la memoria las raíces de Margarita, sino que estas palabras de bendición nos daban la bienvenida en el hall de ingreso de su casa; expresando su deseo más profundo:

“Que el camino venga a tu encuentro,
  que el viento sople siempre a tu espalda,
  que el sol te caliente la cara,
  que la lluvia caiga con suavidad sobre tus campos…
  y hasta que volvamos a encontrarnos…
  que Dios te sostenga en la palma de su Mano”

La fuente y origen de toda bendición es Dios, nuestro Padre, que está por encima de todo, que hizo bien todas las cosas para colmarlas de sus bendiciones.

Bendecir significa “Decir bien” o “decir cosas buenas de alguien”. El que bendice obra como mediador entre Dios y las personas. Pero para obrar como mediador se tiene que tener vivencia, experiencia de las dos realidades que se está mediando. Conocer y sentir vibrar el corazón con las cosas de Dios y con las cosas de la vida humana. Y en esto es donde hoy quiero poner el acento. Margarita vivió una verdadera vida humana, con todo lo que ella implica, como cualquiera de nosotros, pero la vivió con un condimento especial y me animo a decir esencial, que es Dios. Ella tuvo experiencia profunda de estas dos realidades: las cosas de Dios y las cosas de la vida humana.

La vida de Margarita fue una bendición de Dios. La vida de Margarita habla bien de Dios. Por que Dios da a cada uno, junto con el regalo de la vida, talentos y dones; y el hacerlos multiplicar está en cada uno. Por lo tanto, hay algo que es de Dios y algo que es respuesta, opción fundamental o eje de la vida. Toda la vida de Margarita fue esto, recibir talentos de nuestro Buen Dios y multiplicarlos. Pero hay algo que ella misma convirtió en Don. Fueron sus 38 años de enfermedad, porque en estos años no hizo más que buscar la voluntad de Dios. ¡Hay que llevar tantos años de enfermedad con tanta alegría, esperanza y entereza...!

A lo largo de todo su libro ella va narrando su vivencia de Dios, su relación con este Padre Bueno que le ganó el corazón y todo su ser. “Se puede ser feliz, porque con Dios todo se puede” así empieza su libro. Recordando su viaje a Lourdes ella nos narra: “Allí fue donde vi mi senda, la Voluntad de Dios apareció muy clara ante mis ojos. No tenía la menor idea de lo difícil que sería este camino, y decidí abandonarme en manos de la Divina Providencia. Que Dios actuara a través mío, para poder transmitir paz y amor en medio de este caótico mundo. Cesaron las tremendas luchas internas, la inquietud y el desasosiego. Sobrevino la esperanza, acompañada de la aceptación total de mi cruz, y al mismo tiempo, un “darme cuenta” de que Dios me quería muchísimo. Sólo por unos instantes sentí plenamente el amor de mi creador.”

Cuando se tienen vivencias profundas del amor de Dios, aumentan las ganas y el deseo de amar. Pero hay que destacar que estas vivencias de Dios son fruto de largas luchas humanas, de largas noches de purificaciones, de rebeldías y broncas, de buscar el sentido de las cosas.

San Juan de la Cruz, en su libro “La noche oscura”, hace una comparación muy bonita, usando la imagen del fuego de un hogar a leña, él dice: “ El fuego material en aplicándose al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene; luego le va poniendo negro, oscuro y feo y aun de mal olor y, yéndole secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego, y finalmente comenzándole a inflamar por de fuera y calentándole, viene a transformarles en si y ponerle hermoso como el fuego…”

Esta purificaciones que padece el madero para convertirse en fuego, aluden a las purificaciones que padece la persona que tiene le deseo profundo de conformar su vida con la de Cristo.

Margarita nos muestra que llevó este deseo hasta las últimas consecuencias. Y esto no solo lo puedo deducir de sus escritos, sino también del gran regalo que me hizo Dios de conocerla. Yo me siento privilegiado de haber conocido el vibrar de semejante alma enamorada, de conocer sus profundas búsquedas, luchas, de compartir las cosas de la vida.

Conformar la vida con la de Cristo es buscarle el sentido a la propia vida, para amarla, valorarla y cuidarla. En el pequeño libro “Amo la Vida” hay un escrito en el cual Margarita dice: “¿Qué significa el sentido de la vida para mí? Vaya pregunta. Todo ¿Por qué todo? Porque la vida sin sentido es un desperdicio... ¿Cuándo comenzó a adquirir sentido mi vida? Fue el resultado de una búsqueda larga y encarnizada. Y Jesús esperaba.... Quería respuestas precisas e instantáneas, investigando los Evangelios una frase me impactó: “Mi yugo es suave, y mi carga ligera”...leía y releía y no había caso, para mí era  “chino básico”. Se habían equivocado ¡porque el yugo pesaba toneladas y la carga otro tanto!... Sólo cuando “me zambullí” sin reservas, en los brazos de Dios Padre, sólo allí comprendí QUE MI VIDA TENÍA SENTIDO, Y SUPE CUAL ERA MI CAMINO” Cuanta profundidad la de estas palabras, hablan por sí solas. La vida de Margarita, sus búsquedas, su enfermedad siempre fueron confrontadas con el Evangelio. 

Margarita tuvo experiencia de sentir vibrar su corazón con las cosas de Dios, buscó siempre la profundidad del encuentro con Jesús. Recuerdo verla pasar a gran velocidad por la calle Suipacha para llegar a Misa de 20 en el Socorro y hasta recuerdo el lugar privilegiado desde donde ella contemplaba el gran misterio de un Dios que por amor quiso y quiere aun hoy quedarse en el pan y en el vino. No sé imaginan el regalo espectacular que era contemplar la paz de aquellos ojos azules, ojos de mar, ojos de profundidad acompañados por una sonrisa eterna. Siempre sentí que cuando ella sonreía era Dios quien tomaba de sus expresiones para sonreírme y creo que esta experiencia es la de muchos.

Una de las características de los bendecidos es que por donde pasan dicen palabras de bendición. Bendecir a alguien es la afirmación más significativa que podemos ofrecerle, es más que una palabra de aprecio, es más que hacerle ver las virtudes o talentos; es afirmar la condición de amado de una persona. Lo más importante no es la experiencia de amar sino la de ser amado. Ser amado significa que otro me bendice, es decir que me afirma en la existencia, que me dice: ¡¡¡Qué maravilloso es que existas!!! Y esta es una de las características fundamentales del libro de Margarita, ya que en todas las descripciones que ella hace de familiares y amigos, destaca siempre las cosas buenas, describe lo que ella veía con el corazón. ¡Qué capacidad de amor!

Y creo que lo más fuerte y el sentido profundo de por qué Dios le regaló tantos años de vida lo expresa ella en un texto del libro “Amo la Vida” “...Empecé a descubrir que el secreto de la alegría estaba en dar... Estuve demasiado tiempo metida para adentro, tenía que darme. ¡Basta de mí misma! Ahora a preocuparme por los otros. Con todas las pilas que el Buen Dios me permita, cómo él quiera, dónde él quiera y mientras él lo disponga...”

La vida de Margarita fue y es para mi vida vocacional un verdadero oasis donde descansar, recuperar la esperanza, las ganas de amar y de buscar la voluntad de Dios. Creo que su vida y en especial sus escritos son como un eco de la Palabra dicha por nuestro Padre Dios, eco que aún hoy sigue resonando en el corazón de cada uno de los que la conocimos. Eco que no nos pertenece. Callar su ejemplo de vida sería no haber comprendido por qué vivió tantos años entre nosotros. Hoy más que nunca, los argentinos necesitamos recobrar la esperanza, las ganas de amar, de volver a Dios y desde allí gritar: ¡Se puede! ¡Amo la vida!

Lisandro Boyle

   

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