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26 de septiembre de 2006
Presentación de los Libros “Se puede” y “Amo la Vida”
Es una alegría muy grande poder participar hoy de esta
presentación de la reedición del libro de una Amiga, de una
compañera de vida. Quiero empezar estas palabras con una
Bendición, una Antigua Bendición Irlandesa que no solo trae a la
memoria las raíces de Margarita, sino que estas palabras de
bendición nos daban la bienvenida en el hall de ingreso de su
casa; expresando su deseo más profundo:
-
“Que el camino venga a tu encuentro,
-
que el viento sople siempre a tu espalda,
-
que el sol te caliente la cara,
-
que la lluvia caiga con suavidad sobre
tus campos…
-
y hasta que volvamos a encontrarnos…
-
que Dios te sostenga en la palma de su
Mano”
La fuente y origen de toda bendición es Dios, nuestro
Padre, que está por encima de todo, que hizo bien todas las
cosas para colmarlas de sus bendiciones.
Bendecir significa “Decir bien” o “decir cosas buenas de
alguien”. El que bendice obra como mediador entre Dios y las
personas. Pero para obrar como mediador se tiene que tener
vivencia, experiencia de las dos realidades que se está
mediando. Conocer y sentir vibrar el corazón con las cosas de
Dios y con las cosas de la vida humana. Y en esto es donde hoy
quiero poner el acento. Margarita vivió una verdadera vida
humana, con todo lo que ella implica, como cualquiera de
nosotros, pero la vivió con un condimento especial y me animo a
decir esencial, que es Dios. Ella tuvo experiencia profunda de
estas dos realidades: las cosas de Dios y las cosas de la vida
humana.
La vida de Margarita fue una bendición de Dios. La vida de
Margarita habla bien de Dios. Por que
Dios da a cada uno, junto con el regalo de
la vida, talentos y dones; y el hacerlos multiplicar está en
cada uno. Por lo tanto, hay algo que es de Dios y algo que es
respuesta, opción fundamental o eje de la vida. Toda la vida de
Margarita fue esto, recibir talentos de nuestro Buen Dios y
multiplicarlos. Pero hay algo que ella misma convirtió en Don.
Fueron sus 38 años de enfermedad, porque en estos años no hizo
más que buscar la voluntad de Dios. ¡Hay que llevar tantos años
de enfermedad con tanta alegría, esperanza y entereza...!
A lo largo de todo su libro ella va narrando su vivencia
de Dios, su relación con este Padre Bueno que le ganó el corazón
y todo su ser. “Se puede ser feliz, porque con Dios todo se
puede” así empieza su libro. Recordando su viaje a Lourdes ella
nos narra: “Allí fue donde vi mi senda, la Voluntad de Dios
apareció muy clara ante mis ojos. No tenía la menor idea de lo
difícil que sería este camino, y decidí abandonarme en manos de
la Divina Providencia. Que Dios actuara a través mío, para poder
transmitir paz y amor en medio de este caótico mundo. Cesaron
las tremendas luchas internas, la inquietud y el desasosiego.
Sobrevino la esperanza, acompañada de la aceptación total de mi
cruz, y al mismo tiempo, un “darme cuenta” de que Dios me quería
muchísimo. Sólo por unos instantes sentí plenamente el amor de
mi creador.”
Cuando se tienen vivencias profundas del amor de Dios,
aumentan las ganas y el deseo de amar. Pero hay que destacar que
estas vivencias de Dios son fruto de largas luchas humanas, de
largas noches de purificaciones, de rebeldías y broncas, de
buscar el sentido de las cosas.
San Juan de la Cruz, en su libro “La noche oscura”, hace
una comparación muy bonita, usando la imagen del fuego de un
hogar a leña, él dice: “ El fuego material en aplicándose al
madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la
humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene; luego
le va poniendo negro, oscuro y feo y aun de mal olor y, yéndole
secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos
los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego, y
finalmente comenzándole a inflamar por de fuera y calentándole,
viene a transformarles en si y ponerle hermoso como el fuego…”
Esta purificaciones que padece el madero para convertirse
en fuego, aluden a las purificaciones que padece la persona que
tiene le deseo profundo de conformar su vida con la de Cristo.
Margarita nos muestra que llevó este deseo hasta las
últimas consecuencias. Y esto no solo lo puedo deducir de sus
escritos, sino también del gran regalo que me hizo Dios de
conocerla. Yo me siento privilegiado de haber conocido el vibrar
de semejante alma enamorada, de conocer sus profundas búsquedas,
luchas, de compartir las cosas de la vida.
Conformar la vida con la de Cristo es buscarle el sentido
a la propia vida, para amarla, valorarla y cuidarla. En el
pequeño libro “Amo la Vida” hay un escrito en el cual Margarita
dice: “¿Qué significa el sentido de la vida para mí? Vaya
pregunta. Todo ¿Por qué todo? Porque la vida sin sentido es un
desperdicio... ¿Cuándo comenzó a adquirir sentido mi vida? Fue
el resultado de una búsqueda larga y encarnizada. Y Jesús
esperaba.... Quería respuestas precisas e instantáneas,
investigando los Evangelios una frase me impactó: “Mi yugo es
suave, y mi carga ligera”...leía y releía y no había caso, para
mí era “chino básico”. Se habían equivocado ¡porque el yugo
pesaba toneladas y la carga otro tanto!... Sólo cuando “me
zambullí” sin reservas, en los brazos de Dios Padre, sólo allí
comprendí QUE MI VIDA TENÍA SENTIDO, Y SUPE CUAL ERA MI CAMINO”
Cuanta profundidad la de estas palabras, hablan por sí solas. La
vida de Margarita, sus búsquedas, su enfermedad siempre fueron
confrontadas con el Evangelio.
Margarita tuvo experiencia de sentir vibrar su corazón con
las cosas de Dios, buscó siempre la profundidad del encuentro
con Jesús. Recuerdo verla pasar a gran velocidad por la calle
Suipacha para llegar a Misa de 20 en el Socorro y hasta recuerdo
el lugar privilegiado desde donde ella contemplaba el gran
misterio de un Dios que por amor quiso y quiere aun hoy quedarse
en el pan y en el vino. No sé imaginan el regalo espectacular
que era contemplar la paz de aquellos ojos azules, ojos de mar,
ojos de profundidad acompañados por una sonrisa eterna. Siempre
sentí que cuando ella sonreía era Dios quien tomaba de sus
expresiones para sonreírme y creo que esta experiencia es la de
muchos.
Una de las características de los bendecidos es que por
donde pasan dicen palabras de bendición. Bendecir a alguien es
la afirmación más significativa que podemos ofrecerle, es más
que una palabra de aprecio, es más que hacerle ver las virtudes
o talentos; es afirmar la condición de amado de una persona. Lo
más importante no es la experiencia de amar sino la de ser
amado. Ser amado significa que otro me bendice, es decir que me
afirma en la existencia, que me dice: ¡¡¡Qué maravilloso es que
existas!!! Y esta es una de las
características fundamentales del libro de Margarita, ya que en
todas las descripciones que ella hace de familiares y amigos,
destaca siempre las cosas buenas, describe lo que ella veía con
el corazón. ¡Qué capacidad de amor!
Y creo que lo más fuerte y el sentido profundo de por qué
Dios le regaló tantos años de vida lo expresa ella en un texto
del libro “Amo la Vida” “...Empecé a descubrir que el secreto de
la alegría estaba en dar... Estuve demasiado tiempo metida para
adentro, tenía que darme. ¡Basta de mí misma! Ahora a
preocuparme por los otros. Con todas las pilas que el Buen Dios
me permita, cómo él quiera, dónde él quiera y mientras él lo
disponga...”
La vida de Margarita fue y es
para mi vida vocacional un verdadero oasis donde descansar,
recuperar la esperanza, las ganas de amar y de buscar la
voluntad de Dios. Creo que su vida y en
especial sus escritos son como un eco de la Palabra dicha por
nuestro Padre Dios, eco que aún hoy sigue resonando en el
corazón de cada uno de los que la conocimos. Eco que no nos
pertenece. Callar su ejemplo de vida sería no haber comprendido
por qué vivió tantos años entre nosotros. Hoy más que nunca, los
argentinos necesitamos recobrar la esperanza, las ganas de amar,
de volver a Dios y desde allí gritar: ¡Se puede! ¡Amo la vida!
Lisandro Boyle |