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Grupo de Oración |
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El grupo de oración se formó por un deseo de
seguir juntas después de varios años de compartir Historia del
Arte, Economía Política, y charlas de formación humana.
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Ahí nos dimos cuenta de la importancia de la
oración, y del valor del Rosario por lo cual decidimos
reunirnos los miércoles para rezarlo juntas. Al principio
éramos pocas, hasta quedar formado un grupo de
aproximadamente veinte amigas.
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Lo llamamos Nuestra Señora de Luján, por
consejo de nuestro coordinador Monseñor Puyelli, y por ser
Ella la Patrona de la Argentina.
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Cada miércoles al llegar, agitadas por la vida
cotidiana, encontramos un clima especial.
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Una paz alegre que transmitía Margarita a
través de su sonrisa de bienvenida.
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Ella sabía transformar lo adverso en gracias:
desde su arreglo personal impecable, la combinación de
colores, los detalles de ambientación de su casa…Hasta el
nunca quejarse de sus dolores y dificultades: siempre en
actitud de escucha y entrega, que se reflejaban en la
profundidad de su mirada sonriente.
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Comenzamos el rosario poniéndonos en presencia
de Dios y en las Manos de la Virgen.
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Pedimos perdón por nuestros pecados rezando el
pésame. Pedimos por las intenciones de la Virgen, del Santo
Padre, por la paz del mundo, por nuestras intenciones
personales que compartimos con todas, y pedidos de oración que
nos transmite la gente.
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Por lo general rezamos los Misterios
Gloriosos, leyendo una pequeña meditación antes de cada
Misterio.
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Concluimos rezando el Angelus y consagrándonos
a la Virgen, recitando jaculatorias pidiendo por los
matrimonios, la salud de los enfermos, la fe de la juventud,
por el trabajo, por una buena muerte, por las vocaciones, y
finalizamos con la oración por la Patria.
- En nuestra
oración somos conscientes de la Presencia divina, ya que
Jesús dijo.”Cuando dos o más se reuniesen en Mi nombre, allí
estaré Yo en medio de ellos “.De esto damos fe por la cantidad
de gracias concedidas a nuestros ruegos.
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Como grupo de oración lo que más nos marcó de
Margarita fue que en sus intenciones personales siempre daba
¡“Gracias por la vida”!
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Una vida que nosotros consideramos muy dura
en las limitaciones por su enfermedad; y nos impresionaba su
aceptación con alegría.
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En todo esto veíamos el amor y la fortaleza de
su alma. Su entrega perseverante en el día a día a la
voluntad divina.
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Su ejemplo alivianó nuestras propias cruces.
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Cada una en lo personal nos sentimos aceptadas y amadas por
ella tal cual somos; y ella nos acompañó, a cada una, en
nuestro camino hacia Jesús...
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