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 de 2021


   

Escritos sobre Margarita

Viernes 6 de noviembre de 1998

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Margarita Lalor Cavanagh y una lección basada en el amor a la vida. 

Incapacitada para moverse, narró su historia en un libro escrito con el pie.

Margarita Lalor Cavanagh goza, en generosa dimensión, de lo que a gran parte de la humanidad le falta: paz de espíritu. Es por esa carencia que su búsqueda puede convertirse en la razón de toda una existencia.

A los 52 años, esta mujer hermosa, de ojos celeste profundo y sonrisa adolescente, con su contextura aparentemente frágil y su voz apenas audible, alcanzó ese bien invalorable mediante un sufrimiento indecible. Esclerosis lateral amioatrófica se llama la enfermedad que implacablemente comenzó a avanzar sobre su cuerpo cuando tenía 22 años y se bebía la vida a borbotones. Entonces, estaba enamorada y soñaba con ser pintora.

Hoy, mientras se expresa trabajosamente, dice sentirse "en las nubes" por la repercusión que su libro "Se puede" está cosechando, no sólo entre personas discapacitadas. También recibe cartas de jóvenes que le agradecen haber contado su historia porque "les ha ayudado a valorar las pequeñas alegrías".

Se decidió a narrar su vida con "espíritu guerrero para hacerles honor a mis ancestros (irlandeses)" y su mensaje en "Se puede" es conmovedor: "Amo la vida y cada minuto que pasa es un maravilloso regalo de Dios. Cada día, cuando me despierto, agradezco a Dios la vida que me dio. Le agradezco también por mis dos pies, con los cuales antes bailaba, caminaba y corría; ahora con el izquierdo escribo y con el derecho hablo por teléfono".
 


Fuerza espiritual y coraje

Margarita Lalor tiene su mente lúcida y clara, y su cuerpo inerte, con la excepción de su pie derecho. Sin embargo, con una computadora adaptada a sus necesidades, conectada a un pedal que activa un sensor en la pantalla, durante tres meses, y a razón de catorce horas diarias, escribió su vida.

"Una vez que comencé ya no podía parar. Las palabras me brotaban como una catarata. Desde 1971 no había vuelto a escribir. La computadora fue como abrir una vía de escape a un intelecto que estaba preso. Así pude volver a comunicarme con los demás", dice con una sonrisa amplia que ilumina su piel blanquísima.

Recostada en su cuarto, luego de un día "de intensas emociones", motivadas por la presencia de su hermana mayor, residente en España, y la entrevista con La Nación -según confió una asistente-, Margarita dice que quiso contar su experiencia para ayudar a otros. "Cuando tenía 22 años me pregunté: ¿Por qué a mí? , y un sacerdote muy sabio me respondió: ¿Y por qué a usted no? Sabemos que en el mundo hay enfermedades, desgracias, gente a la que le toca sufrir algo invisible. Hay personas que llevan un dolor grande o sufren de soledad. Acepté mi cruz y sólo la aceptación me trajo paz. La paz aclara la mente y uno puede luchar con más fuerza. De este modo aprendí a valorar lo bueno que tiene la vida."

A lo largo de treinta años, Margarita se ha mantenido fiel a su amor por el arte. Sigue estudiando historia del arte y no pierde ocasión de visitar museos, exhibiciones y muestras. Intentó una y otra vez con el traductorado de inglés, pero la exigencia de los exámenes fue demasiada. Como no hablaba en clase, tenía que presentar resúmenes escritos. "Aunque en 1996 me fue muy bien y me pidieron que volviera", comenta con indisimulado orgullo.

Se fatiga un poco al hablar y pide ayuda a la cronista con el almohadón sobre el cual descansa. Agradece con una mirada inenarrable.

-¿Qué tanto la afectó la falta de un amor personal, pese a tener el de Dios y el de su familia?

-Tengo un amor de pareja inconcluso. Aún no sé qué va a pasar. Lo quiero tanto que no me atrevo a hacerlo pasar por estas dificultades y limitaciones que tengo. Para escribir una hoja tardo un día y no puedo valerme sola. Siempre dependo de otras personas. Pero la independencia física no es libertad espiritual y yo tengo esa libertad. Por eso digo que Dios sabe lo que hace.

-¿Cuáles son sus recuerdos más dolorosos y los más bellos?

(Pierde la mirada en un punto lejano.) -Cuando a los 22 años, escondida detrás de una puerta, supe que me quedaban cinco meses de vida. Fue doloroso romper mi noviazgo, porque estaba muy enamorada y no tenía derecho a atar a nadie a ese destino. La muerte de mamá fue otro momento durísimo. Y el mejor momento fue comprender cuál era mi camino. Allí se acabaron mis luchas internas, mi rebeldía, y comencé a pensar en positivo. Uno puede ser feliz cuando siente que está cumpliendo la voluntad de Dios.

-¿De qué se arrepiente?

-De haber sido egoísta en el primer momento de la enfermedad. Sólo pensaba en mí y me sentía desgraciada. Les pido perdón a todos los que tuvieron que aguantarme.

-¿Cuáles son sus sueños?

-Quiero escuchar al prójimo porque ya nadie se escucha. Hoy la gente se saluda así: Todo bien, ¿no? Y eso no es escuchar. También quiero hacer reuniones de espiritualidad con discapacitados, pues tengo facilidad para comunicarme. Con el libro me di cuenta de la falta que hace llenar el vacío que padece la gente. No valoramos la vida por causa del materialismo, que nunca nos dará plenitud espiritual. Y estoy pensando en otro libro donde hablaré sobre el futuro. En el año 2000 no podemos hacer otra cosa que mirar hacia adelante.

Susana Reinoso

31/12/1998

Todavía se puede

Señor Director:

"Soy la autora de un libro totalmente atípico, indigno de un Ortega y Gasset, y pienso que la Real Academia Española tampoco lo aprobaría por el uso impropio del idioma castellano. Fue escrito con el corazón y, creo, llegó al corazón. Su contenido es de "alto voltaje" emocional. En él sencillamente cuento cómo, por qué, y a pesar de 30 años de enfermedad, aprendí a aceptar la voluntad de Dios y ser feliz.

"La edición de este mensaje de fe, esperanza y amor a la vida habría quedado "en el tintero" de no contar con la generosa ayuda de Marta Gallardo, el trabajo ímprobo de Bernardo Milas y la valentía de Ignacio de Amorrortu.

"Luego, el reportaje de la eximia periodista Susana Reinoso y las inmejorables fotos de Sebastian Szyd publicadas en La Nación del 6/11 fueron lo bastante para que mis palabras trasuntaran los límites de lo imaginable. Por eso, utilizando esta sección, agradezco a los que, de una u otra forma, colaboraron conmigo dándome la posibilidad de "llegar" a los más necesitados.

"A las innumerables personas que envían "montañas" de cartas y tarjetas pidiendo auxilio o felicitándome, les pido que tengan paciencia porque trato de contestarles, pero con el pie se escribe lentamente. Deseo destacar también las infinitas llamadas telefónicas que pude atender, y los que no, me perdonen porque la voz se me "cansa".

"Muy en particular, agradezco a Bernardo Neustadt por su caballerosidad, sensibilidad y comprensión; a Rosarito Mantilla, por pensar en mí; a Cecilia Zuberbuhler, por darme un espacio, lo mismo que a Magdalena Ruiz Guiñazú, por mencionarme en sus respectivos programas; a la angelical Inés Herrero de Mackey, por la amplísima entrevista publicada en el periódico irlandés; a Héctor Badié, por su infatigable labor en las radios de la provincia, así como a Marcelo Fili en Radio Salta; a Caritas Argentina y Graciela Sabalza, por incluirme en su programa de televisión.

"A todos, muchísimas gracias por demostrarme que, si somos solidarios en el mundo de hoy, todavía "se puede"."

Margarita Lalor Cavanagh

   

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