Atrás A página principal Siguiente

 de 2012


   

Escritos sobre Margarita

The Southern Cross
Buenos Aires, Julio de 2006.
 
Margarita Lalor Cavanagh
 
A mi querida Amiga Goldie
 
Hoy hay fiesta en el Cielo...!!!
Que difícil es escribir sobre vos Margarita, cuando la admiración, el cariño, la amistad, el orgullo y la tristeza por tu partida están en el corazón como sentimientos profundamente anclados. Y digo difícil, porque la sensación es que no hay palabras que identifiquen o que expresen todo lo que siento.

 

      Lo primero que me surge del corazón es dar gracias a Nuestro Padre Dios por todos los años de VIDA que te regaló... y por todo lo que hiciste y diste en esos años. Goldie,¡ qué no hiciste en tus 59 años!

 

      No puedo pensar en tu vida Margarola, sin relacionarla con el Evangelio; y más precisamente con la parábola de los talentos. “El reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos,... a cada uno según su capacidad; y después partió....el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco....Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado"."Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor"...”(Mt.25,14-30)
 
      ¿Quizás te preguntarás por qué pienso en esta parábola? Pienso en esta parábola, porque creo que Dios da a cada uno, junto con el regalo de la vida, talentos y dones; y el hacerlos multiplicar está en cada uno. Por lo tanto, hay algo que es de Dios y algo que es respuesta, opción fundamental o eje de la vida. Toda tu vida fue esto, recibir talentos de nuestro Buen Dios y multiplicarlos.
Hace ocho años que te conozco Goldie, como te llaman cariñosamente tus hermanos y sobrinos. En estos años que pasaron construimos juntos una verdadera amistad, con el centro puesto en Dios, que como bien decís en tu libro titulado: “Se puede”es “lo más importante de la vida”.
Goldie, recibiste con el bautismo el Don de ser hija de Dios. Toda tu vida fuiste fiel a ese don, con tu ejemplo, con tu entrega y amor. Una verdadera relación de Amor-Amistad de una Hija con su Padre.
      Recibiste el don de la familia, y ¡qué Familia!. No hiciste más, que vivir pendiente de ella, tratando siempre de estar y de apoyar, comprender y dar cariño a quien lo necesitaran. Hiciste de tu casa, la casa de todos. Siempre me participabas de la alegrías y tristezas de tu familia, casamientos de sobrinos, vacaciones(San Martín de los Andes-Salta-El campo), salidas con tus hermanos, nacimientos de sobrinos nietos, etc...
Recibiste el don de la amistad y fuiste fiel a ese don. Apostaste a verdaderos amigos y amigas, gozabas profundamente con las alegrías de ellos. Sufrías en carne propia las penas, tristezas y dolores de tus amigos. Y lo más lindo de tu “ser” es que a todos, siempre nos remitiste y nos hablaste, de tus Mejores Amigos: El Señor y su Madre, la Virgen María. Ellos son quienes te robaron el corazón. Convertiste tu casa en casa del Rosario de amigas.¡ Cuánto te van a extrañar y cuánto te van a pedir !
Recibiste el don de la alegría y del buen humor; un fino humor irlandés.¡Qué orgullo para nosotros los irlandeses y para nuestros descendientes!
      Pero hay algo que vos misma convertiste en Don. Fueron tus 38 años de enfermedad, porque en estos años no hiciste más que buscar la voluntad de Dios. ¡Hay que llevar tantos años de enfermedad con tanta alegría, esperanza y entereza...! Como bien dice una canción de Eladia Blázquez “No, permanecer y transcurrir, no es perdurar, no es existir, ni honrar la vida...es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida... merecer la vida es erguirse en vertical, más allá del mal, de las caídas...por que no es lo mismo que vivir, honrar la vida...” El modo de vivir tu enfermedad fue, sin duda, un honrar la vida.
      Recuerdo que con frecuencia nos juntábamos a tomar el té en tu casa. Bueno, tomar el té es una forma de decir, porque a vos te encantaba tomar café y a mi coca-cola. Sin embargo, nos unía algo muy de nuestra sangre irlandesa: los dulces, las tortas. Siempre me esperabas con Lemon Pies, tortas Brownies, Rogel...que ayudaban a inspirar nuestra charla. ¡Gracias, Goldie, por mimarme tanto!
Pero hay algo que no puedo dejar de expresarte, y es que vos fuiste y sos para mi vida vocacional un verdadero oasis donde descansar, recuperar la esperanza, las ganas de amar y de buscar la voluntad de Dios. Un regalazo del Buen Dios, una Amiga como pocas y me amino a decir como ninguna. ¡Gracias, Goldie, porque tu amistad, tu ejemplo y testimonio de amor y fidelidad al Señor, refuerzan y le dan frescura a mi vocación y a mis ganas de ser Sacerdote!
Me imagino que vos, debes estar muy agradecida con quienes fielmente te ayudaron, quienes fueron tus pies y tus manos. Me refiero aquí no sólo a toda tu familia sino especialmente a Cristina, Brenda, Alejandra... Creo que a ellas todos les debemos mucho. Forman parte de esta historia de Amor que el Señor nos regalo en la tierra.
      “No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20). Estas son las palabras que utiliza San Lucas haciendo alusión a todo lo que compartieron con Jesucristo en vida. Palabras que hoy podemos hacer nuestras, porque sabemos tu vida Goldie, ha sido una vida traspasada y transformada por el amor de Jesucristo.
Creo que tu vida, para los que tuvimos el regalo de conocerte y para quienes te conocieron por medio de tu libro o por el relato de otros, no hace más que remitirnos a nuestro Buen Dios; sembrando en el corazón de cada uno las ganas y el deseo profundo de rezar, de dar gracias a Dios, de buscar su voluntad...Y por qué no, también, las ganas de pedirte a vos querida Goldie, que interceda ante el Señor por cada uno de nosotros. ¡Qué bonito sería poder hacer de nuestra propia vida un reflejo de la vida trinitaria y por lo tanto, del amor de Dios!
      Todavía tengo fresca una de nuestras últimas charlas en tu casa de Arenales, compartiendo cosas del alma, cosas de la familia. Vos me decía refiriéndote a tus sobrinos: “Liso, yo daría cualquier cosa por poder acariciarlos con mis manos, pero yo le entrego mis manos a Dios, para que Él acaricie a aquellos niños y jóvenes a quienes nadie les entrega cariño, porque mis sobrinos saben lo que es el cariño y tienen padres, madres, que saben acariciarlos”. No puedo negarte que las lágrimas se hicieron su espacio junto con el orgullo del corazón, que quería gritar y cantar al Amor. ¡Cuánto Amor!¡Gracias, Dios!
 
Lisandro Boyle
 
 
Tía Goldie. (Margarita Lalor)
 
      Una de las cosas que me ha enseñado la vida es que “Dios aprieta pero no ahoga”. Dios apretó a tía Goldie pero no la ahogó. Tía Goldie lo sabía y siempre apreció y dio la importancia que tenía a todo aquello que era su “desahogo”.
La Familia. Si como institución hoy parece que corre peligro es quizá porque hay demasiada gente que no la ha disfrutado, porque quien haya vivido ese lazo ineludible y la fuerza que da a cada uno de sus miembros cuidará siempre – como hizo tía Goldie-  que la familia permanezca unida y sea una. Tía Goldie tuvo esa suerte, somos un auténtico clan y eso es algo de lo que podemos dar fe quienes hemos crecido en su seno a 12.000 kms de distancia.
El carácter irlandés. Es ese carácter, maldito a veces porque no te pueden hablar antes del primer café o estallas cuando no puedes más para soltar la rabia y que esta no te amargue; y bendito porque nunca se rinde. Y que nadie crea que es fácil no rendirse jamás, porque no lo es.
      Una inmensa Fe en Dios. Dios compañero de fatigas, que te da ese aliento necesario para seguir, el que te concede favores y milagros, la referencia constante en la vida de tía Goldie. Nunca pretendió ser un ejemplo de perfección, sus condicionantes físicos le daban problemas, eran una lucha, el ejemplo venía de cómo vencía esa lucha. Su Fe en Dios no impedía que se rebelara, si hasta Cristo dijo “Padre ¿por qué me has abandonado?” creo que ella también se sintió así algunas veces, pero como Cristo, acabó diciendo “Hágase en mi según tu voluntad” y esa es la fortaleza que no a todos los cristianos nos acompaña.
Puede parece asombroso el humor y la alegría con que tía Goldie vivió su vida, pero es que tía Goldie no vivió su enfermedad, vivió su vida y la celebró. La celebró mucho. Y la compartió.
Esto que transcribo a continuación es un fragmento de una carta que me escribió en 1983. Me parece tan explicativa sobre su manera de ser y tan ejemplarizante en su contenido que estoy segura de que a ella no le importará que la comparta.
      “No me alcanzaba el tiempo para todo lo que tengo que escribir, Dios no me dio 10 dedos útiles, sino, solo uno¡¡¡¡ estoy tan feliz por ese único y bendito, que debería pasarme los días de rodillas, agradeciéndole al Altísimo el enorme milagro que ha hecho en mí. La verdad es que uno no aprecia las cosas, hasta que le faltan. Yo siempre despreciaba mis dedos, por ser gordos como chorizos, sin ver la maravilla que eran por sus movimientos, lo capaces que eran de agarrar cosas, de escribir, de dibujar, de acariciar, etc. Cuando me faltaron, me di cuenta de lo que había perdido, y pensé que Dios me estaba dando una buena lección, el Señor me los dio, no los supe apreciar, y el Señor me los quitó. ¡Loado sea su Nombre! ¡Sólo cuando llegó el momento en el cual le ofrecí la inutilidad de mis manos, y se apaciguó en mi alma, toda la rabia y la rebeldía por no poder usarlas; solo en ese momento, repito, Dios hizo el enorme milagro de devolverme un dedo, el que aprecio más que antes apreciaba a los 10 juntos. Releyendo esto no me gusta como quedó, como me expresé ¡porque parece que mi relación con Dios fuera un comercio! ¡Nada más lejano a la realidad!”
 
Patricia Ybarra Lalor.
 
 
Tía Gold
 
      No resulta fácil seleccionar alguna anécdota concreta de la Tía Gold /“oro”, como la llamábamos familiarmente los sobrinos. Porque fueron muchos los momentos vividos con ella,  tanto en lo personal como con toda la  familia, (fiestas cumpleaños, domingos, etc) y en todos ellos su presencia era especial. Le encantaba participar, y se  hacía sentir. Y  no precisamente por sus dificultades físicas. Todo lo contrario.
Siempre imprimía  su carácter, su espíritu,  su ejemplo.  La importancia que le daba a los  detalles!. Nada librado al azar. Ni en  su aspecto exterior -coqueta, impecable, maquillada y peinada, combinando todos los colores (siempre, SIEMPRE,  las medias combinaban con el sweater, los pantalones, el pañuelo)-,  ni en el  trato, su delicadeza,  el constante pensar en los demás y en  cómo hacerlos sentir queridos.
Le gustaba  sorprender!. Era pícara, te “encontraba la vuelta”; nunca me voy a olvidar de su risa y  su manera “cómplice” de guiñar el ojo,  ni de  su mirada profunda que lo decía todo... Y qué polenta transmitía! Te daba unas pilas! Irla a visitar era sentirse uno reconfortado, entendido. Aconsejaba, ponderaba, mantenía vivos los recuerdos familiares. Se interesaba real y puntualmente por las cosas de cada uno,  me acuerdo a medida que iba pasando el tiempo hablábamos primero de las salidas y las  fiestas, más tarde  de algún novio, del trabajo, los exámenes; después del marido, la vida “hogareña”.., conversaba sobre todos los temas de actualidad, sabía siempre los pormenores del resto de la familia, hacía como de  “puente” entre unos y otros.  Y cuántas veces hablábamos de Dios, de su voluntad, de cómo se veía su designio en tal o cual cosa.. Nunca la escuché quejarse por su enfermedad, no hablaba casi nada de eso.
Tendría miles de adjetivos para describir a Tía Gold...
Pero estos días, al recordarla como persona  y su vida entre nosotros, la mejor imagen con la que siento que la puedo identificar es con  una “vela”. Una vela de las de la mejor calidad, gorda y duradera, con llama calentita y acogedora, que invita a acercarse. Que da luz firme, aunque haya corrientes de aire,  o todo alrededor parezca oscuro. Siempre prendida, constante, ahí. Tía Gold, para mí, es una vela que nunca se va a apagar. Fue, y desde el cielo siempre va a ser, un regalo que Dios nos hizo, para que todos lo podamos ver.
 
Cuqui Leloir Lalor de Sojo
 
Tía Goldie
 
“Fue una institutriz para mi, cada vez que iba a visitarla o le escribía mails para contarle las cosas que hacía acá o sobre algún problema, SIEMPRE me dejaba una enseñanza y me daba unos consejos impresionantes, profundos, acertados... Hoy en día trato de seguirla como ejemplo, pero no le llego ni a los talones, pero como Goldie dijo, SE PUEDE.”
 
 Luli Lalor Vernet
   
   

.

Copyright © 2012

Producido por:   www.eprodig.com .