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No puedo pensar en tu vida Margarola, sin
relacionarla con el Evangelio; y más precisamente con la
parábola de los talentos. “El reino de los Cielos es
también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus
servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco
talentos, a otro dos,... a cada uno según su capacidad; y
después partió....el que había recibido cinco talentos, fue a
negociar con ellos y ganó otros cinco....Después de un largo
tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus
servidores. El que había recibido los cinco talentos se
adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has
confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he
ganado"."Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor,
ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho
más: entra a participar del gozo de tu señor"...”(Mt.25,14-30)
¿Quizás te preguntarás por qué pienso en
esta parábola? Pienso en esta parábola, porque creo que Dios
da a cada uno, junto con el regalo de la vida, talentos y
dones; y el hacerlos multiplicar está en cada uno. Por lo
tanto, hay algo que es de Dios y algo que es respuesta, opción
fundamental o eje de la vida. Toda tu vida fue esto, recibir
talentos de nuestro Buen Dios y multiplicarlos.
Hace ocho años que te conozco Goldie,
como te llaman cariñosamente tus hermanos y sobrinos. En estos
años que pasaron construimos juntos una verdadera amistad, con
el centro puesto en Dios, que como bien decís en tu libro
titulado: “Se puede”es “lo más importante de la vida”.
Goldie, recibiste con el bautismo el Don
de ser hija de Dios. Toda tu vida fuiste fiel a ese don, con
tu ejemplo, con tu entrega y amor. Una verdadera relación de
Amor-Amistad de una Hija con su Padre.
Recibiste el don de la familia, y ¡qué
Familia!. No hiciste más, que vivir pendiente de ella,
tratando siempre de estar y de apoyar, comprender y dar cariño
a quien lo necesitaran. Hiciste de tu casa, la casa de todos.
Siempre me participabas de la alegrías y tristezas de tu
familia, casamientos de sobrinos, vacaciones(San Martín de los
Andes-Salta-El campo), salidas con tus hermanos, nacimientos
de sobrinos nietos, etc...
Recibiste el don de la amistad y fuiste
fiel a ese don. Apostaste a verdaderos amigos y amigas,
gozabas profundamente con las alegrías de ellos. Sufrías en
carne propia las penas, tristezas y dolores de tus amigos. Y
lo más lindo de tu “ser” es que a todos, siempre nos remitiste
y nos hablaste, de tus Mejores Amigos: El Señor y su Madre, la
Virgen María. Ellos son quienes te robaron el corazón.
Convertiste tu casa en casa del Rosario de amigas.¡ Cuánto te
van a extrañar y cuánto te van a pedir !
Recibiste el don de la alegría y del buen
humor; un fino humor irlandés.¡Qué orgullo para nosotros los
irlandeses y para nuestros descendientes!
Pero hay algo que vos misma convertiste
en Don. Fueron tus 38 años de enfermedad, porque en estos años
no hiciste más que buscar la voluntad de Dios. ¡Hay que llevar
tantos años de enfermedad con tanta alegría, esperanza y
entereza...! Como bien dice una canción de Eladia Blázquez
“No, permanecer y transcurrir, no es perdurar, no es existir,
ni honrar la vida...es una virtud, es dignidad y es la actitud
de identidad más definida... merecer la vida es erguirse en
vertical, más allá del mal, de las caídas...por que no es lo
mismo que vivir, honrar la vida...” El modo de vivir tu
enfermedad fue, sin duda, un honrar la vida.
Recuerdo que con frecuencia nos
juntábamos a tomar el té en tu casa. Bueno, tomar el té es una
forma de decir, porque a vos te encantaba tomar café y a mi
coca-cola. Sin embargo, nos unía algo muy de nuestra sangre
irlandesa: los dulces, las tortas. Siempre me esperabas con
Lemon Pies, tortas Brownies, Rogel...que ayudaban a inspirar
nuestra charla. ¡Gracias, Goldie, por mimarme tanto!
Pero hay algo que no puedo dejar de
expresarte, y es que vos fuiste y sos para mi vida vocacional
un verdadero oasis donde descansar, recuperar la esperanza,
las ganas de amar y de buscar la voluntad de Dios. Un regalazo
del Buen Dios, una Amiga como pocas y me amino a decir como
ninguna. ¡Gracias, Goldie, porque tu amistad, tu ejemplo y
testimonio de amor y fidelidad al Señor, refuerzan y le dan
frescura a mi vocación y a mis ganas de ser Sacerdote!
Me imagino que vos, debes estar muy
agradecida con quienes fielmente te ayudaron, quienes fueron
tus pies y tus manos. Me refiero aquí no sólo a toda tu
familia sino especialmente a Cristina, Brenda, Alejandra...
Creo que a ellas todos les debemos mucho. Forman parte de esta
historia de Amor que el Señor nos regalo en la tierra.
“No podemos nosotros dejar de hablar de
lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20). Estas son las palabras
que utiliza San Lucas haciendo alusión a todo lo que
compartieron con Jesucristo en vida. Palabras que hoy podemos
hacer nuestras, porque sabemos tu vida Goldie, ha sido una
vida traspasada y transformada por el amor de Jesucristo.
Creo que
tu vida, para los que tuvimos el regalo de conocerte y para
quienes te conocieron por medio de tu libro o por el relato de
otros, no hace más que remitirnos a nuestro Buen Dios;
sembrando en el corazón de cada uno las ganas y el deseo
profundo de rezar, de dar gracias a Dios, de buscar su
voluntad...Y por qué no, también, las ganas de pedirte a vos
querida Goldie, que interceda ante el Señor por cada uno de
nosotros. ¡Qué bonito sería poder hacer de nuestra propia vida
un reflejo de la vida trinitaria y por lo tanto, del amor de
Dios!
Todavía tengo fresca una de nuestras
últimas charlas en tu casa de Arenales, compartiendo cosas del
alma, cosas de la familia. Vos me decía refiriéndote a tus
sobrinos: “Liso, yo daría cualquier cosa por poder
acariciarlos con mis manos, pero yo le entrego mis manos a
Dios, para que Él acaricie a aquellos niños y jóvenes a
quienes nadie les entrega cariño, porque mis sobrinos saben lo
que es el cariño y tienen padres, madres, que saben
acariciarlos”. No puedo negarte que las lágrimas se hicieron
su espacio junto con el orgullo del corazón, que quería gritar
y cantar al Amor. ¡Cuánto Amor!¡Gracias, Dios!
Lisandro
Boyle
Tía
Goldie. (Margarita Lalor)
Una de las cosas que me ha enseñado la
vida es que “Dios aprieta pero no ahoga”. Dios apretó a tía
Goldie pero no la ahogó. Tía Goldie lo sabía y siempre apreció
y dio la importancia que tenía a todo aquello que era su
“desahogo”.
La Familia. Si como institución hoy parece que
corre peligro es quizá porque hay demasiada gente que no la ha
disfrutado, porque quien haya vivido ese lazo ineludible y la
fuerza que da a cada uno de sus miembros cuidará siempre –
como hizo tía Goldie- que la familia permanezca unida y sea
una. Tía Goldie tuvo esa suerte, somos un auténtico clan y eso
es algo de lo que podemos dar fe quienes hemos crecido en su
seno a 12.000 kms de distancia.
El carácter irlandés. Es ese carácter, maldito
a veces porque no te pueden hablar antes del primer café o
estallas cuando no puedes más para soltar la rabia y que esta
no te amargue; y bendito porque nunca se rinde. Y que nadie
crea que es fácil no rendirse jamás, porque no lo es.
Una inmensa Fe en Dios. Dios compañero de
fatigas, que te da ese aliento necesario para seguir, el que
te concede favores y milagros, la referencia constante en la
vida de tía Goldie. Nunca pretendió ser un ejemplo de
perfección, sus condicionantes físicos le daban problemas,
eran una lucha, el ejemplo venía de cómo vencía esa lucha. Su
Fe en Dios no impedía que se rebelara, si hasta Cristo dijo
“Padre ¿por qué me has abandonado?” creo que ella también se
sintió así algunas veces, pero como Cristo, acabó diciendo
“Hágase en mi según tu voluntad” y esa es la fortaleza que no
a todos los cristianos nos acompaña.
Puede parece asombroso el humor y la alegría
con que tía Goldie vivió su vida, pero es que tía Goldie no
vivió su enfermedad, vivió su vida y la celebró. La celebró
mucho. Y la compartió.
Esto que transcribo a continuación es un
fragmento de una carta que me escribió en 1983. Me parece tan
explicativa sobre su manera de ser y tan ejemplarizante en su
contenido que estoy segura de que a ella no le importará que
la comparta.
“No me alcanzaba el tiempo para todo lo que tengo que
escribir, Dios no me dio 10 dedos útiles, sino, solo uno¡¡¡¡
estoy tan feliz por ese único y bendito, que debería pasarme
los días de rodillas, agradeciéndole al Altísimo el enorme
milagro que ha hecho en mí. La verdad es que uno no aprecia
las cosas, hasta que le faltan. Yo siempre despreciaba mis
dedos, por ser gordos como chorizos, sin ver la maravilla que
eran por sus movimientos, lo capaces que eran de agarrar
cosas, de escribir, de dibujar, de acariciar, etc. Cuando me
faltaron, me di cuenta de lo que había perdido, y pensé que
Dios me estaba dando una buena lección, el Señor me los dio,
no los supe apreciar, y el Señor me los quitó. ¡Loado sea su
Nombre! ¡Sólo cuando llegó el momento en el cual le ofrecí la
inutilidad de mis manos, y se apaciguó en mi alma, toda la
rabia y la rebeldía por no poder usarlas; solo en ese momento,
repito, Dios hizo el enorme milagro de devolverme un dedo, el
que aprecio más que antes apreciaba a los 10 juntos. Releyendo
esto no me gusta como quedó, como me expresé ¡porque parece
que mi relación con Dios fuera un comercio! ¡Nada más lejano a
la realidad!”
Patricia
Ybarra Lalor.
Tía
Gold
No resulta fácil seleccionar alguna
anécdota concreta de la Tía Gold /“oro”, como la llamábamos
familiarmente los sobrinos. Porque fueron muchos los momentos
vividos con ella, tanto en lo personal como con toda la
familia, (fiestas cumpleaños, domingos, etc) y en todos ellos
su presencia era especial. Le encantaba participar, y se
hacía sentir. Y no precisamente por sus dificultades físicas.
Todo lo contrario.
Siempre
imprimía su carácter, su espíritu, su ejemplo. La
importancia que le daba a los detalles!. Nada librado al
azar. Ni en su aspecto exterior -coqueta, impecable,
maquillada y peinada, combinando todos los colores (siempre,
SIEMPRE, las medias combinaban con el sweater, los
pantalones, el pañuelo)-, ni en el trato, su delicadeza, el
constante pensar en los demás y en cómo hacerlos sentir
queridos.
Le
gustaba sorprender!. Era pícara, te “encontraba la vuelta”;
nunca me voy a olvidar de su risa y su manera “cómplice” de
guiñar el ojo, ni de su mirada profunda que lo decía todo...
Y qué polenta transmitía! Te daba unas pilas! Irla a visitar
era sentirse uno reconfortado, entendido. Aconsejaba,
ponderaba, mantenía vivos los recuerdos familiares. Se
interesaba real y puntualmente por las cosas de cada uno, me
acuerdo a medida que iba pasando el tiempo hablábamos primero
de las salidas y las fiestas, más tarde de algún novio, del
trabajo, los exámenes; después del marido, la vida
“hogareña”.., conversaba sobre todos los temas de actualidad,
sabía siempre los pormenores del resto de la familia, hacía
como de “puente” entre unos y otros. Y cuántas veces
hablábamos de Dios, de su voluntad, de cómo se veía su
designio en tal o cual cosa.. Nunca la escuché quejarse por su
enfermedad, no hablaba casi nada de eso.
Tendría
miles de adjetivos para describir a Tía Gold...
Pero
estos días, al recordarla como persona y su vida entre
nosotros, la mejor imagen con la que siento que la puedo
identificar es con una “vela”. Una vela de las de la mejor
calidad, gorda y duradera, con llama calentita y acogedora,
que invita a acercarse. Que da luz firme, aunque haya
corrientes de aire, o todo alrededor parezca oscuro. Siempre
prendida, constante, ahí. Tía Gold, para mí, es una vela que
nunca se va a apagar. Fue, y desde el cielo siempre va a ser,
un regalo que Dios nos hizo, para que todos lo podamos ver.
Cuqui Leloir
Lalor de Sojo
Tía Goldie
“Fue una institutriz para
mi, cada vez que iba a visitarla o le escribía mails para
contarle las cosas que hacía acá o sobre algún problema,
SIEMPRE me dejaba una enseñanza y me daba unos consejos
impresionantes, profundos, acertados... Hoy en día trato de
seguirla como ejemplo, pero no le llego ni a los talones, pero
como Goldie dijo, SE PUEDE.”
Luli
Lalor Vernet
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